EL TOCAYO Y MIS HÉROES OLVIDADOS
"Nunca es tarde cuando la dicha es buena". Refrán popular
A raíz del golpe de Estado que le dieron a Medina Angarita en el mes de octubre del año de 1945, papá dejó la burocracia, donde ejercía un alto cargo en el ministerio de Relaciones Interiores, y decidió dedicarse de lleno a recuperar el hato Santa Bárbara, un legado de proporciones considerables que dejó mi abuelo Eulogio en el estado Apure y que estaba siendo atendido eficientemente por mi tío Elías, pero con su muerte, ocurrida en marzo de ese mismo año, el hato se vino abajo y papá decidió dedicarse él personalmente a recuperarlo.
Esta decisión resultó una calamidad tanto para el Hato como para la vida familiar, pues papá en su vida había ido por aquellos lares, y de quehaceres del campo no tenía ni la más peregrina idea, aparte de que su matrimonio lo acababa de tener en diciembre del año anterior, y los viajes al Hato lo hacían descuidarlo de gran manera, pues, aparte de lo largo e incómodo de los viajes, en oportunidades debía quedarse por allá hasta meses, algo de lo que mamá comenzó a resentirse, al punto de que le reclamaba que le buscara otra solución a aquello porque no estaba llevando una vida razonablemente agradable, y ninguna de las dos cosas, ni la vida familiar ni la recuperación de las tierras le estaban saliendo bien.
Papá estuvo cinco años yendo para Apure con frecuencia hasta que lo sorprendió la muerte a sus exiguos 55 años, acostado en su cama, convaleciente de un dolor estomacal que no cedía pero que conclusiones posteriores hicieron pensar que se trataba de un pre infarto, hoy en día mejor llamado angina de pecho. En todo caso lo que dictaminó el médico que firmó el Acta de Defunción es que su muerte se debió a un infarto al miocardio. O sea que a papá lo mató el Hato. No hay noticias de infartos en la familia. El de él ha sido el único.
Total que papá dejó el cargo burocrático, descuidó su clínica de odontología, que era su profesión y su medio de sustento, y donde le iba muy bien, y descuidó a su familia recién constituida por una obsesión alimentada por su espíritu soñador y por su amor a mamá. Él le decía, con su acento andino: "yo voy a poner ese Hato a producir para que cuando yo me muera usted se vuelva a casar rápidamente", pero en realidad no pudo completar su faena porque se nos fue muy rápido.
A raíz de este empeño de papá de recuperar el Hato, de lo cual me entero gracias a las conversaciones con mamá, yo, como un miembro de la familia que llevaba el nombre de papá, me empeñé en conocer bien la historia de esas tierras de mi abuelo desde que las comenzó a tener hasta que quedaron bajo la administración de papá, y en esa aventura me di cuenta de que en el medio de su trayectoria era que estaba el verdadero héroe de la prosperidad de ellas: mi tío Elías, pues mi abuelo las dejó galopantes pero fue Elías quien las llevó a su momento cumbre y luego de varios años también a su declive, pero, paradójicamente, fue esta etapa del declive del hato Santa Bárbara la que más me dio a conocer las fibras de mi tío y terminé considerando que todo su desempeño en este mundo era digno de darlo a conocer. Es así como cambié el rumbo de mis planes y enfilé el eje de mi viaje literario hacia la propia vida de Elías, es decir, en vez de rodear al Hato con su vida, rodeé su vida con el Hato y con toda su circunstancia.
Ya yo venía escribiendo sobre los asombrosos albores del hato Santa Bárbara, inéditos y muy particulares, hasta que apareció este personaje, el hijo mayor de mi abuelo. Comenzó con él a correr un trayecto diferente para este gran proyecto y en ese trayecto mi abuelo se dio cuenta de que este señor, con su manera tan particular de ver lo que había que hacer, estaba logrando las metas esperadas a pesar de haber llegado al llano sin el menor conocimiento de lo que era un Hato llanero. Tan convencido quedó mi abuelo que le dio las riendas del Hato y él se apartó a una finca pequeña.
Al yo sentir que me encontraba ante una vida ejemplar, quise hacer un libro sobre su vida, por lo que dediqué un año más a profundizar cada vez más sobre mi tío Elías, tomando como orientación su diario, sus cartas con mi abuela, mi abuelo, mi tía Carlota, su hermana Aurora, mi papá, y otra cantidad de destinatarios, cartas de las que por alguna razón papá conservaba copias, amén de otras personas que fueron apareciendo y que fueron vitales esos encuentros con ellas para haber cerrado mi novela "Un siglo sin ti", con buena documentación.
La relación con José Durabio Bolívar llegó a ser tan cercana que dada mi dificultad de últimamente movilizarme de Caracas, él se vino, y esto permitió conocernos personalmente. Me di cuenta de que se trataba de alguien muy joven comparativamente con los personajes que participaron en Apure en la vida de mi tío Elías, un héroe olvidado, y en la de papá, el soñador de la familia. Tan joven es que si lo involucro en una posible camada de papá en la zona, no podría él, de ninguna manera, llegar a ser su hijo. De hecho, mi tocayo me contó por qué él llevaba el nombre de papá y mi nombre, y resultó ser que a su mamá, cuando estaba embarazada de mi tocayo, se le acercó el abuelo paterno de él y le dijo que si ese hijo que venía en camino nacía varón, que le pusiera José Durabio, y ella, al ser ese señor muy querido y que le infundía mucho respeto, le puso a mi tocayo el nombre de José Durabio.
Es con su venida a Caracas que iniciamos este acercamiento el cual ha permanecido en el tiempo, a pesar de la distancia. Me ha invitado a irme al Bajo Apure, donde posee una finca en Santa Rosa, casualmente la misma zona donde mi abuelo tenía la suya, a la que se dedicó por el resto de su vida, llamada San Gregorio, desde que le dejó Santa Bárbara a mi tío Elías.
Yo quisiera volver al estado Apure a conocer esa zona y a varias personas de Santa Rosa que tienen conocimiento de la vida de Elías, e inclusive de la de papá, en este afán que tengo de saber de ellos, de saber de mi familia paterna hasta el infinito, lo cual es una necesidad que nunca termina.
Habiendo yo perdido a papá a mis dos años, habiendo sido papá tan admirado por mamá, habiendo sido mi abuelo un hombre tan intenso, mi papá tan romántico, y mi tío Elías tan justo y tan valiente, es por lo que ninguno de ellos merece ser un héroe olvidado.

