lunes, 29 de septiembre de 2025

El Terror del Llano y los temblores en Venezuela,


Zonas sísmicas de Venezuela 
 (Mapa: Venezuelatuya)

EL TERROR DEL LLANO
Y LOS TEMBLORES EN VENEZUELA
"¡Tiembla tierra!" (Jorge Tuero)

          Hay cuatro fallas geológicas que dominan el escenario sísmico en nuestro país Venezuela, y las cuatro están geográficamente cerca de los mares y océanos que nos rodean y, por supuesto, cerca de nuestras costas, y siempre orientadas en la misma dirección de esas costas, de esas playas.

          La más activa, y la única perpendicular a la placa del Caribe, por lo que ocasiona los mayores movimientos en la corteza terrestre en nuestro territorio, es la de Boconó, que de paso es la más grande, la más larga, y la que genera la mayor intensidad cuando origina sus movimientos telúricos. De allí la fama que tienen Los Andes venezolanos de ser propensos permanentes a fuertes movimientos telúricos y hasta terremotos devastadores como el que causó la destrucción total de San Pedro de Capacho en 1875. Siempre tiembla en Los Andes, aunque no lo percibamos, porque si la persona está en movimiento, difícil que aprecie un movimiento telúrico, llámese temblor o terremoto, si su intensidad es de 4, o menos de 4 en la escala de Ritcher. Comenzamos a sentir los movimientos telúricos cuando son de intensidad cinco hacia arriba, y sin embargo para ello se requiere estar detenidos, en alguna acción contemplativa, sentados escribiendo o leyendo, o acostados en reposo, a menos de que se trate de un terremoto destructivo, que suelen estar de 6,5 hacia arriba en la escala de Ritcher y cuya duración supera los 15 segundos como promedio.

          La zona de Oriente tiene también su falla, llamada la falla de El Pilar, que ha ocasionado terremotos si se quiere más intensos que la falla de Boconó, aunque menos frecuentes. Está igualmente la falla de San Sebastián, que es la que más afecta a la zona central y a Caracas, nuestra capital, y que es la responsable de su último gran terremoto, ocurrido en el año de 1967, donde hubo muertes de personas y miles de heridos. Sin embargo, fue calamitoso no tanto por la intensidad del terremoto, que fue de 6,5,  sino por la mala calidad de algunas construcciones y por la duración del movimiento de la tierra, que fue nada menos que de 32 segundos, una eternidad, lo cual generó más energía y por eso provocó mayores daños y el desplazamiento de mayores áreas de la corteza terrestre. Yo, que vivía en la urbanización Los Palos Grandes para el momento, en esos 32 segundos pude saltar del estacionamiento de mi edificio al terreno de al lado que estaba limpio y despejado, y hasta me dio tiempo para arrodillarme a rezar con el vigilante y su familia.

           Pero debemos dar gracias a Dios, una vez más, que nuestras fallas geológicas están en una dirección que es paralela al desplazamiento de los continentes, a excepción de la de Boconó, de allí su mayor intensidad cuando se activa, pero todas están en la placa suramericana, por lo que sus roces son con la placa del Caribe, que está en movimiento con la suramericana aunque más lenta, y es por ello principalmente que los movimientos telúricos que se suceden en nuestras costas y sus aledaños, son menos intensos que los que se suceden en la falla de Boconó que es perpendicular a esos movimientos, al igual que como lo es por ejemplo la falla de San Andrés, que pasa por el estado de California de Estados Unidos, la falla de San Ramón, por el centro de Chile y la falla de Atacama, por el norte de Chile y el sur del Perú. En estas fallas se han producido los más intensos terremotos de América y del mundo.

          De manera que si Ud. vive en la zona central de Venezuela o en nuestro atractivo Oriente, aledaño a la cordillera de la Costa, y se le mueve la cama alguna noche, no es que llegó nuestro querido y recordado Terror del Llano con su slogan. Póngase sus pantuflas y muévase hacia áreas de bajo riesgo de calamidad, pero lo más seguro es que al poco tiempo vuelva a acostarse sin problemas.