"Alumbra luna alumbra Luna, que ya me voy pa' la montaña.." Éxito de Los Rítmicos.
Canción "El Mochilón", de Francisco Orozco Araújo.
Estando ya a punto de graduarnos de bachiller se nos ocurrió a un grupo de compañeros de estudios armar un grupo musical de música tropical, aprovechando que el rock ya tenía una fuerte representación en el país, pero no veíamos que con la música tropical pasara lo mismo, vale decir el merengue, la guaracha, incluso el bolero.
Comenzamos a ensayar en la casa de uno de los compañeros, quien vivía en la Pastora. Buena parte de los integrantes vivía en La Pastora de Caracas, y ninguno teníamos carro, sin embargo a la hora de ensayar no fallábamos en cumplir con el horario que asignamos para eso.
El compañero dueño de la casa era dueño también de casi todos los instrumentos y el principal promotor del Grupo. Al principio convocó a varios estudiantes que en sus conversaciones con ellos consideró que podrían formar parte del grupo pues él estudiaba música y tenía suficientes elementos para hacer la necesaria selección de los integrantes.
A la final quedamos seleccionados ocho integrantes. A mí me tocó aprenderme a tocar la timbaleta, que son los dos tambores que vienen con un cencerro y un platillo, un instrumento que no puede faltar en un grupo tropical al estilo de La Dimensión Latina, guardando las distancias. Además me asignó como el bolerista del grupo, y de una vez me dio el nombre de las canciones a interpretar y las orientaciones para ponerme en las letras y aprenderme la música.
Así pasó con el guarachero, mi gran amigo Saúl Salcedo Blasini, a quien también le dio instrucciones y canciones. Saúl se aprendió eso volando.
Saúl además era un gran relacionista público. Tenía gran facilidad para hacer amigos, aparte de ser una persona que derrochaba una gran simpatía.
Después de unos tres meses de ensayos en la casa de Orlando Yépez, comenzamos a tocar y a cantar en algunas fiestas en La Pastora. Nos iba muy bien. Todos estábamos asombrados pero, de verdad, muy contentos con los resultados de nuestro atrevimiento. Nos la pasábamos viéndonos las caras cada vez que terminábamos una interpretación y la gente aplaudía al final de la pieza, aunque eso era una costumbre, sobre todo entre la gente que estaba bailando, pero nosotros nos lo tomábamos a pecho, es decir, estábamos convencidos de que los aplausos salían por culpa de nosotros.
Llegó el momento en el que nos atrevimos a salirnos de La Pastora e irnos hacia el este de la ciudad, aprovechando una oportunidad de tocar en la casa de don Pedro Ríos Reina, el mismo por quien se llama así la sala Pedro Ríos Reina de el Teatro Teresa Carreño. Ya para ese entonces teníamos trompetista y violinista, y el grupo estaba mucho más sólido. Resulta que esa fiesta la consiguió Saúl Salcedo, quien era vecino de esa familia en la calle Kolonia de La Florida.
Siguieron apareciendo fiestas y no rechazábamos ninguna. Así mismo aparecían los colaboradores con vehículo, que tanto necesitábamos, que nos llevaban los instrumentos sin ningún interés. Eso significó un gran respiro.
A la larga llegamos a tocar en la Institución Zuliana de El Paraíso, en el Club Táchira, y otras dos o tres instituciones relevantes hasta que por diversas razones comenzamos a fallar en los ensayos y esto bastó para que decidiéramos darle un compás de espera al Grupo que se transformó en eterno.
Recientemente recibí la noticia de el fallecimiento de José Salcedo Blasini, quien era uno de los mejores amigos del grupo musical, gran colaborador y de grandes iniciativas.

Este penoso acontecimiento me hizo recordar esta etapa de mi vida con el grupo musical Los Rítmicos, donde conocí además a grandes amigos y sus familias. También me sucedieron gratas experiencias, entre ellas una, en una de esas gratas noches de disciplina y formalidad, en la que vi, por primera vez, desde la tarima donde estaba cantando el primer bolero del primer set de la noche, a la mujer que hoy en día es madre de mis hijos. Quedé prendado. Y en plena interpretación le daba gracias a Dios de que la canción se llamara "Quiero verte una vez más".
La vida pasa como magia, y lo único que nos llevamos de ella son estos hermosos recuerdos, que es tan sabroso rememorar. Es cierto que no se debe vivir del pasado, pero también es cierto que recordar es vivir.

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