domingo, 2 de noviembre de 2025

Medina Angarita y mi papá


Medina Angarita en su discurso de toma de posesión
y mi papá a los pocos años de haber llegado a Caracas

MEDINA ANGARITA Y MI PAPÁ
"Turubio es de alma joven y corazón inocente". Isaías Medina Angarita

          Realmente, los cinco presidentes andinos que tuvo Venezuela fueron todos del estado Táchira, pero solamente uno nació en San Cristóbal, su ciudad capital: Isaías Medina. El papá de Isaías Medina se llamaba Rosendo Medina, y fue coriano, y fue quizás su ejemplo en el mundo militar y en el político lo que inspiró a Isaías a meterse en la milicia, y a político. Don Rosendo perdió la vida defendiendo la plaza de San Cristóbal, siendo ya presidente Cipriano Castro, donde luchó al lado de mi abuelo, ciudad asediada de repente por un venezolano comandando tropa colombiana, algo que sorprendió a todo el mundo. Eso fue en 1901. Isaías tenía apenas cuatro años de edad, y mi papá cinco. Y digo que en el mundo político también porque don Rosendo fue Presidente del estado Trujillo en la época de Antonio Guzmán Blanco.

           Mi papá nació en Capacho Independencia, que era un pueblo nuevo, levantado por la misma gente de la depresión del Táchira a raíz de la destrucción de Capacho Viejo por un fuerte terremoto. El pueblo nuevo no tenía ni diez años de fundado cuando nació papá. Entre la gente que armó a Capacho Nuevo estaba mi bisabuelo José de Jesús Moros Moros, y estaba Don Carmelo, el papá de Cipriano Castro. Ambos provenían de Lomas Altas, donde tenían sus fincas de cría de novillos. Ahora eran vecinos también en Capacho Nuevo. De allí la férrea amistad entre Cipriano y mi abuelo, forjada desde niños.

           Papá fue el último de los seis hijos que tuvo mi abuelo en mi abuela María de la Paz, quienes nacieron y vivieron en Capacho Nuevo, después Independencia, antes de empezar a venirse a Caracas. Don Rosendo Medina también tuvo seis hijos en doña Alejandrina Angarita, siendo el último de ellos también, casualmente, Isaías.

          En esa época castrista floreciente, de tanto revuelo, mi abuela no quiso seguir enviando a la escuela de primaria elemental a papá, por razones obvias, y papá se quedó sin estudiar hasta que Evaristo Parra, un hermano de mi abuela, fue llamado por Cipriano Castro a ejercer labores de alto gobierno en Caracas.

             Evaristo Parra vivía en San Cristóbal, y en noble gesto le dejó a mi abuela su casa de San Cristóbal para que papá lograra terminar su primaria elemental. Mi abuela, ni corta ni perezosa, aceptó la gracia de Evaristo y se fue a San Cristóbal en una carreta manejada por un hermano de mi abuelo donde los pasajeros eran mi abuela, mi tía Carlota, mi tía Leticia, y papá. Las mujeres a pasar los días, y papá a estudiar.

              Papá se pasó justo un año en San Cristóbal sacando su primaria (año de 1906), y allí, a sus diez u once años, justo conoció a Isaías pues los apellidos Medina y Moros los juntaron en un solo banco. Por eso papá le comentaba luego a mamá que Isaías y él fueron compañeros de banco en la escuela de San Cristóbal, de la cual hoy en día lo que se ve allí es un largo muro lleno de grafitis y detrás del muro lo que hay es un terreno vacío.

             Papá culminó su primaria y no vio más a Isaías y no estudió más hasta sus catorce o quince años, cuando se vino a Caracas con mi abuela. Isaías en cambio continuó en San Cristóbal estudiando primaria y secundaria, hasta que en el año de 1912, ya con quince años de edad, también se vino a Caracas pero entusiasmado con la carrera militar a estudiar en la antigua Escuela Militar.

              Pasaron los años con papá y Medina en Caracas. Se veían esporádicamente en su juventud debido a los encuentros sociales de mi abuela María de la Paz Colmenares Parra en Santa Rosalía de Caracas pues ella coincidía con la esposa del único hermano de Isaías que quedaba vivo de los diez habidos en el matrimonio de sus padres, ya fallecidos. Ese hermano, mucho mayor que Isaías, vivía con su familia también en la parroquia Santa Rosalía.

           Medina llegó a ser oficial militar de carrera, y Presidente de Venezuela en 1941. Para el momento papá ejercía su profesión de dentista en el Seguro Social. Papá, a pesar de su extensa amistad con Medina, ni se acercó para felicitarlo porque no le gustaba que lo vieran como adulante. Sin embargo un buen día el ministro del interior, José Nicomedes Rivas, lo llamó para ver si quería aceptar el cargo de Director de Bienes Nacionales. Papá, un hombre acostumbrado a trabajar y obtener sus ingresos de un sueldo convencional, aceptó la propuesta. 

             Medina siempre invitaba a papá a los grandes banquetes que se hacían en Miraflores a los visitantes ilustres. Entre ellos hubo uno en el que mamá me cuenta que él había querido que Turubio, como le decía a mi papá, se sentara a su lado, y mi mamá, ya de novios con él, a su lado. En un momento dado, aprovechando que papá se había levantado, él le preguntó a mamá, en plena comida, que qué edad le había dicho papá que tenía, a lo que mamá se quedó en neutro, pero le dijo: -la verdad es que no me he ocupado de eso. Medina le dijo: "Turubio es de alma joven y corazón inocente". Mamá siempre recordaba esa frase. Papá le llevaba a mamá un poco más de veinte años, pero nadie se daba cuenta.

            Un par de años más adelante, decidieron casarse y papá fue al despacho de Medina (mediados de 1944) por primera vez en su vida para pedirle le mejorara el sueldo pues se iba a casar con mamá y necesitaba mejores ingresos. Medina le mandó a mejorar el sueldo ostensiblemente.  Mamá lo incluyó en la lista de invitados junto con José Nicomedes Rivas, su jefe y ministro del Interior, quien asistió al matrimonio y le envió de regalo un hermoso plato de vidrio labrado con altorrelieves, muy particular, el cual conservo (80 años después), y también fue al matrimonio. Medina no fue pero le mandó un regalo que no tengo idea qué pudo haber sido. 

             Medina sufrió un golpe de estado en octubre de 1945, y para evitar males mayores, entregó su revólver y puso su cargo a la orden al mismo Pérez Jiménez. Papá, al enterarse, entregó su cargo ante la secretaria de José Nicomedes Rivas quien ya no estaba en su despacho. Medina pasó un mes preso en la escuela Militar y papá volvió a sus quehaceres de rutina que eran su gabinete de odontología y estar en su casa ubicada en El Conde, una urbanización al lado del liceo Andrés Bello que fue derrumbada en los años '60. Al mes siguiente Medina salió expulsado a EEUU. 

         Ya mamá había tenido un intento de tener hijos pero este, una niña, se le murió ahogada con saliva en la cuna del retén. En el año 1946 mi tía Leticia andaba de paseo por Nueva York con su esposo y se encontró en el Parque Central con Medina y su esposa caminando, y en la conversación aprovechó y les anunció que mamá había perdido su primer hijo, quien era una hembra, la que ya tenía el nombre de Margarita. Ellos le dieron el pésame afectuoso a mi tía y a los pocos días papá recibió una carta de Medina lamentando la pérdida, y por otra parte Irma Felizola, su esposa, le mandó por correo a mamá una carta afectuosa y una tarjeta de duelo, los estilos de la época.

              Papá murió en el año de 1950, a los cuatro años de esta formalidad, y Medina a los siete años, en septiembre de 1953, ambos en Caracas, pues Medina había recibido una gracia gubernamental debido a un grave problema de salud cerebral que le había dado el año pasado, el año de 1952. Mamá, viuda y con tres hijos niños, y a pesar de que no era costumbre que las mujeres asistieran a los entierros, sin embargo fue al cementerio.

           Irma Felizola le enviaba a mamá una tarjeta navideña todos los años, las cuales recibimos hasta que nos mudamos de la casa de la Urbanización El Conde a mediados de los años '60, que más nunca volvimos a saber de ella hasta que mamá me dijo, mucho tiempo después, en el año de 1992, que si me había enterado de que Irma Felizola había fallecido recientemente. 

             Las amistades infantiles son las primeras, que si se conservan son de las más sólidas. Papá era un hombre, además de algo cándido, era tímido, y muy orgulloso, pero apreciaba a sus amigos con el alma. Tengo anécdotas de mamá sobre eso y cartas de papá con sus amigos, que siempre las hacía con una copia para él haciendo gala de su vida ordenada. Sus amigos eran pocos pero entrañables. Si Medina Angarita no hubiese llegado a ser presidente de Venezuela, quizás los acercamientos entre papá y él hubiesen sido más frecuentes; sin embargo Medina, cuando se trataba de papá, siempre estaba allí, conociéndolo como lo conocía desde siempre: "de alma joven y corazón inocente".


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3 comentarios:

  1. ME ENCANTA TU FORMA DE HABLAR TU NARRATIVA Y TU EXCELENTE MEMORIA.
    GRACIAS. ABRAZOS BENDICIONES INFINITAS.
    MARCO ANTONIO MOROS QUINTERO DURAN ANGARITA.
    TLF. 3222139706. ME ENCANTARIA COMPARTIR.

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