lunes, 28 de abril de 2025

El Conde, este 6, Nro. 172

Alguna cuadra de la Urbanización El Conde
(Fotografía cortesía de Humberto Zárraga, en La Venezuela de ayer en fotos)

El Conde, este 6, Nro. 172.
Esa añorada casa donde abrimos los ojos

            El Parque Central de Caracas no fue el motivo primario por el cual se derrumbó a la urbanización El Conde. La idea de Parque Central vino después. El motivo primario fue la construcción de varios edificios para vivienda de la clase media venezolana, edificios que iban a estar ubicados más hacia el norte de donde está Parque Central hoy en día, es decir, estarían entre la avenida Bolívar y la avenida Méjico, y allí en el medio está el este 6, la avenida más importante de la desaparecida Urbanización El Conde, porque allí estaba el parque Carabobo, el Liceo Andrés Bello, el cine, la Iglesia, y la entrada peatonal más amplia para el parque Los Caobos.

          De el este 6 de los años '60 lo que queda es el tramo donde está la plaza Carabobo y el Liceo Andrés Bello. Todo lo demás que hay allí fue construido posteriormente.

           Recuerdo el apresuramiento del Centro Simón Bolívar por derrumbar El Conde para poder disponer de los terrenos y hacer esos edificios, y resulta que primero se hizo Parque Central, al sur de la avenida Bolívar, cuyo proyecto es posterior, y luego pasaron más de cuarenta años con esos terrenos vacíos, digamos, entre la avenida Bolívar y la avenida Méjico, y la cantidad de familias que allí hacíamos vida perdimos nuestra comunidad y nos desperdigamos por toda Caracas apresuradamente, sin ninguna necesidad.

           Para colmo de males, y para que se vea cómo una mala planificación puede con tanto, no solamente se destruyó una urbanización emblemática de la época, sino la comunidad allí arraigada desde hacía tantos años, la cual pudo haber estado allí por lo menos cuarenta años más, que fue el tiempo que pasó para que hicieran la Galería de Arte Nacional. Por razones poco conocidas ese proyecto nunca se llevó adelante, y tuvieron que alquilar el único edificio terminado a una famosa cadena hotelera, la cual hizo las modificaciones debidas y constituyó allí el primer hotel Hilton de Venezuela, denominado hotel Caracas Hilton, de grata recordación, el cual era para asistir de gala y tenía en su Pent House una pista de baile con música en vivo que se llamaba la Cota 880, muy bien ambientada y atendida.
Con Cocó Domínguez, en la famosa
Cota 880, del hotel Caracas Hilton
(fotografía no restaurada)

          Pero atrás del hotel, hacia el oeste, estaba, expectante, todo el terreno, plano y libre, desde el Hotel hasta el liceo Andrés Bello, disponible para los otros edificios que nunca llegaron. Estamos hablando de mediados de los años sesenta, cuando se comenzó con ese proyecto el cual por razones poco difundidas fue cortado, mandando a la historia, innecesariamente, a hermosas y genuinas viviendas, donde se estrenaba en Caracas el jardín por delante y el garaje de un lado, una idea antes no ejecutada. Fue la única Urbanización moderna totalmente derrumbada, de todas las construidas en Caracas en la primera mitad del siglo XX, un lugar apacible, con el parque Los Caobos al este y el parque Carabobo al oeste, con su liceo Andrés Bello incluido, el centro de estudios de bachillerato mejor reputado de la ciudad.

          La Urbanización El Conde tenía su propia iglesia, al lado del parque Los Caobos, y su propio cine, el cine "El Conde", donde vi mis primeras películas. Sus calles las recorrí con mis primeros amiguitos, y no estudié en el liceo Andrés Bello por el atavismo de mamá de que sus hijos estudiaran en colegios de sacerdotes, por lo que fui a parar al San Francisco de Sales de Sarría, que quedaba y queda en la avenida Andrés Bello, a donde nos íbamos a pie mi hermano y yo todos los días desde la casa.

       Es difícil encontrar reseñas o crónicas de la Urbanización El Conde, la original. Aisladamente la nombran en trabajos periodísticos, pero no he visto una crónica dedicada a la Urbanización, cuya historia va desde circa de 1925, época en la que el inquieto boticario Juan Bernardo Arismendi, junto a Juan Benzo y Tomás Sarmiento, le compraron esos terrenos en París a los herederos de Antonio Guzmán Blanco y luego se pusieron a urbanizarlos, y a hacerles casas con ideas novedosas, como el garaje y ese pequeño jardín al frente.

          La urbanización El Conde da su último hálito en el año de 1967, año en el que se demolió la última casa, la casa que ocupaba mi familia en el este 6 de El Conde, marcada con el Nro. 172, escenario de buena parte de nuestras vidas. Nuestra comunidad quedó destruida sin ninguna necesidad. Los Busquets Castillo, los Hernández Rovati, los Ramírez, los Colombo, los Baiz, los Castro Pimentel, los Sosa Pimentel, y muchas otras familias salimos a repartirnos por toda la ciudad con la promesa de no perdernos. Mi familia fue la encargada de despedirlos a todos, pues fuimos los últimos en irnos de allí, ocupantes de la última casa que quedaba en pie, como un titán reacio a sucumbir, dispuesto a enfrentarse a aquel tractor amarillo que esperaba silencioso nuestra partida para comenzar a triturar el último vestigio, esa añorada casa donde abrimos los ojos.

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