sábado, 27 de diciembre de 2025

El Tocayo y mis héroes olvidados


José Durabio Bolívar y José Durabio Moros

EL TOCAYO Y MIS HÉROES OLVIDADOS
"Nunca es tarde cuando la dicha es buena". Refrán popular

           A raíz del golpe de Estado que le dieron a Medina Angarita en el mes de octubre del año de 1945, papá dejó la burocracia, donde ejercía un alto cargo en el ministerio de Relaciones Interiores, y decidió dedicarse de lleno a recuperar el hato Santa Bárbara, un legado de proporciones considerables que dejó mi abuelo Eulogio en el estado Apure y que estaba siendo atendido eficientemente por mi tío Elías, pero con su muerte, ocurrida en marzo de ese mismo año, el hato se vino abajo y papá decidió dedicarse él personalmente a recuperarlo.

          Esta decisión resultó una calamidad tanto para el Hato como para la vida familiar, pues papá en su vida había ido por aquellos lares, y de quehaceres del campo no tenía ni la más peregrina idea, aparte de que su matrimonio lo acababa de tener en diciembre del año anterior, y los viajes al Hato lo hacían descuidarlo de gran manera, pues, aparte de lo largo e incómodo de los viajes, en oportunidades debía quedarse por allá hasta meses, algo de lo que mamá comenzó a resentirse, al punto de que le reclamaba que le buscara otra solución a aquello porque no estaba llevando una vida razonablemente agradable, y ninguna de las dos cosas, ni la vida familiar ni la recuperación de las tierras le estaban saliendo bien.

          Papá estuvo cinco años yendo para Apure con frecuencia hasta que lo sorprendió la muerte a sus exiguos 55 años, acostado en su cama, convaleciente de un dolor estomacal que no cedía pero que conclusiones posteriores hicieron pensar que se trataba de un pre infarto, hoy en día mejor llamado angina de pecho. En todo caso lo que dictaminó el médico que firmó el Acta de Defunción es que su muerte se debió a un infarto al miocardio. O sea que a papá lo mató el Hato. No hay noticias de infartos en la familia. El de él ha sido el único.

          Total que papá dejó el cargo burocrático, descuidó su clínica de odontología, que era su profesión y su medio de sustento, y donde le iba muy bien, y descuidó a su familia recién constituida por una obsesión alimentada por su espíritu soñador y por su amor a mamá. Él le decía, con su acento andino: "yo voy a poner ese Hato a producir para que cuando yo me muera usted se vuelva a casar rápidamente", pero en realidad no pudo completar su faena porque se nos fue muy rápido.

          A raíz de este empeño de papá de recuperar el Hato, de lo cual me entero gracias a las conversaciones con mamá, yo, como un miembro de la familia que llevaba el nombre de papá, me empeñé en conocer bien la historia de esas tierras de mi abuelo desde que las comenzó a tener hasta que quedaron bajo la administración de papá, y en esa aventura me di cuenta de que en el medio de su trayectoria era que estaba el verdadero héroe de la prosperidad de ellas: mi tío Elías, pues mi abuelo las dejó galopantes pero fue Elías quien las llevó a su momento cumbre y luego de varios años también a su declive, pero, paradójicamente, fue esta etapa del declive del hato Santa Bárbara la que más me dio a conocer las fibras de mi tío y terminé considerando que todo su desempeño en este mundo era digno de darlo a conocer. Es así como cambié el rumbo de mis planes y enfilé el eje de mi viaje literario hacia la propia vida de Elías, es decir, en vez de rodear al Hato con su vida, rodeé su vida con el Hato y con toda su circunstancia.

          Ya yo venía escribiendo sobre los asombrosos albores del hato Santa Bárbara, inéditos y muy particulares, hasta que apareció este personaje, el hijo mayor de mi abuelo. Comenzó con él a correr un trayecto diferente para este gran proyecto y en ese trayecto mi abuelo se dio cuenta de que este señor, con su manera tan particular de ver lo que había que hacer, estaba logrando las metas esperadas a pesar de haber llegado al llano sin el menor conocimiento de lo que era un Hato llanero. Tan convencido quedó mi abuelo que le dio las riendas del Hato y él se apartó a una finca pequeña.

          Al yo sentir que me encontraba ante una vida ejemplar, quise hacer un libro sobre su vida, por lo que dediqué un año más a profundizar cada vez más sobre mi tío Elías, tomando como orientación su diario, sus cartas con mi abuela, mi abuelo, mi tía Carlota, su hermana Aurora, mi papá, y otra cantidad de destinatarios, cartas de las que por alguna razón papá conservaba copias, amén de otras personas que fueron apareciendo y que fueron vitales esos encuentros con ellas para haber cerrado mi novela "Un siglo sin ti", con buena documentación.


          Una de estas personas me llegó sin yo proponérmelo, pues un buen día, revisando mis redes sociales, veo que hay alguien llamado José Durabio, igual que papá, igual que yo, pidiéndome amistad desde el estado Apure. Asombroso. Impactante. Después de verificar la veracidad del personaje, decidí aceptar la solicitud, y este gesto marcó el inicio de una fraternal relación entre el personaje y mi persona.

          La relación con José Durabio Bolívar llegó a ser tan cercana que dada mi dificultad de últimamente movilizarme de Caracas, él se vino, y esto permitió conocernos personalmente. Me di cuenta de que se trataba de alguien muy joven comparativamente con los personajes que participaron en Apure en la vida de mi tío Elías, un héroe olvidado, y en la de papá, el soñador de la familia. Tan joven es que si lo involucro en una posible camada de papá en la zona, no podría él, de ninguna manera, llegar a ser su hijo. De hecho, mi tocayo me contó por qué él llevaba el nombre de papá y mi nombre, y resultó ser que a su mamá, cuando estaba embarazada de mi tocayo, se le acercó el abuelo paterno de él y le dijo que si ese hijo que venía en camino nacía varón, que le pusiera José Durabio, y ella, al ser ese señor muy querido y que le infundía mucho respeto, le puso a mi tocayo el nombre de José Durabio. 

          Es con su venida a Caracas que iniciamos este acercamiento el cual ha permanecido en el tiempo, a pesar de la distancia. Me ha invitado a irme al Bajo Apure, donde posee una finca en Santa Rosa, casualmente la misma zona donde mi abuelo tenía la suya, a la que se dedicó por el resto de su vida, llamada San Gregorio, desde que le dejó Santa Bárbara a mi tío Elías. 

          Yo quisiera volver al estado Apure a conocer esa zona y a varias personas de Santa Rosa que tienen conocimiento de la vida de Elías, e inclusive de la de papá, en este afán que tengo de saber de ellos, de saber de mi familia paterna hasta el infinito, lo cual es una necesidad que nunca termina.

         Habiendo yo perdido a papá a mis dos años, habiendo sido papá tan admirado por mamá, habiendo sido mi abuelo un hombre tan intenso, mi papá tan romántico, y mi tío Elías tan justo y tan valiente, es por lo que ninguno de ellos merece ser un héroe olvidado.  

 

domingo, 2 de noviembre de 2025

Medina Angarita y mi papá


Medina Angarita en su discurso de toma de posesión
y mi papá a los pocos años de haber llegado a Caracas

MEDINA ANGARITA Y MI PAPÁ
"Turubio es de alma joven y corazón inocente". Isaías Medina Angarita

          Realmente, los cinco presidentes andinos que tuvo Venezuela fueron todos del estado Táchira, pero solamente uno nació en San Cristóbal, su ciudad capital: Isaías Medina. El papá de Isaías Medina se llamaba Rosendo Medina, y fue coriano, y fue quizás su ejemplo en el mundo militar y en el político lo que inspiró a Isaías a meterse en la milicia, y a político. Don Rosendo perdió la vida defendiendo la plaza de San Cristóbal, siendo ya presidente Cipriano Castro, donde luchó al lado de mi abuelo, ciudad asediada de repente por un venezolano comandando tropa colombiana, algo que sorprendió a todo el mundo. Eso fue en 1901. Isaías tenía apenas cuatro años de edad, y mi papá cinco. Y digo que en el mundo político también porque don Rosendo fue Presidente del estado Trujillo en la época de Antonio Guzmán Blanco.

           Mi papá nació en Capacho Independencia, que era un pueblo nuevo, levantado por la misma gente de la depresión del Táchira a raíz de la destrucción de Capacho Viejo por un fuerte terremoto. El pueblo nuevo no tenía ni diez años de fundado cuando nació papá. Entre la gente que armó a Capacho Nuevo estaba mi bisabuelo José de Jesús Moros Moros, y estaba Don Carmelo, el papá de Cipriano Castro. Ambos provenían de Lomas Altas, donde tenían sus fincas de cría de novillos. Ahora eran vecinos también en Capacho Nuevo. De allí la férrea amistad entre Cipriano y mi abuelo, forjada desde niños.

           Papá fue el último de los seis hijos que tuvo mi abuelo en mi abuela María de la Paz, quienes nacieron y vivieron en Capacho Nuevo, después Independencia, antes de empezar a venirse a Caracas. Don Rosendo Medina también tuvo seis hijos en doña Alejandrina Angarita, siendo el último de ellos también, casualmente, Isaías.

          En esa época castrista floreciente, de tanto revuelo, mi abuela no quiso seguir enviando a la escuela de primaria elemental a papá, por razones obvias, y papá se quedó sin estudiar hasta que Evaristo Parra, un hermano de mi abuela, fue llamado por Cipriano Castro a ejercer labores de alto gobierno en Caracas.

             Evaristo Parra vivía en San Cristóbal, y en noble gesto le dejó a mi abuela su casa de San Cristóbal para que papá lograra terminar su primaria elemental. Mi abuela, ni corta ni perezosa, aceptó la gracia de Evaristo y se fue a San Cristóbal en una carreta manejada por un hermano de mi abuelo donde los pasajeros eran mi abuela, mi tía Carlota, mi tía Leticia, y papá. Las mujeres a pasar los días, y papá a estudiar.

              Papá se pasó justo un año en San Cristóbal sacando su primaria (año de 1906), y allí, a sus diez u once años, justo conoció a Isaías pues los apellidos Medina y Moros los juntaron en un solo banco. Por eso papá le comentaba luego a mamá que Isaías y él fueron compañeros de banco en la escuela de San Cristóbal, de la cual hoy en día lo que se ve allí es un largo muro lleno de grafitis y detrás del muro lo que hay es un terreno vacío.

             Papá culminó su primaria y no vio más a Isaías y no estudió más hasta sus catorce o quince años, cuando se vino a Caracas con mi abuela. Isaías en cambio continuó en San Cristóbal estudiando primaria y secundaria, hasta que en el año de 1912, ya con quince años de edad, también se vino a Caracas pero entusiasmado con la carrera militar a estudiar en la antigua Escuela Militar.

              Pasaron los años con papá y Medina en Caracas. Se veían esporádicamente en su juventud debido a los encuentros sociales de mi abuela María de la Paz Colmenares Parra en Santa Rosalía de Caracas pues ella coincidía con la esposa del único hermano de Isaías que quedaba vivo de los diez habidos en el matrimonio de sus padres, ya fallecidos. Ese hermano, mucho mayor que Isaías, vivía con su familia también en la parroquia Santa Rosalía.

           Medina llegó a ser oficial militar de carrera, y Presidente de Venezuela en 1941. Para el momento papá ejercía su profesión de dentista en el Seguro Social. Papá, a pesar de su extensa amistad con Medina, ni se acercó para felicitarlo porque no le gustaba que lo vieran como adulante. Sin embargo un buen día el ministro del interior, José Nicomedes Rivas, lo llamó para ver si quería aceptar el cargo de Director de Bienes Nacionales. Papá, un hombre acostumbrado a trabajar y obtener sus ingresos de un sueldo convencional, aceptó la propuesta. 

             Medina siempre invitaba a papá a los grandes banquetes que se hacían en Miraflores a los visitantes ilustres. Entre ellos hubo uno en el que mamá me cuenta que él había querido que Turubio, como le decía a mi papá, se sentara a su lado, y mi mamá, ya de novios con él, a su lado. En un momento dado, aprovechando que papá se había levantado, él le preguntó a mamá, en plena comida, que qué edad le había dicho papá que tenía, a lo que mamá se quedó en neutro, pero le dijo: -la verdad es que no me he ocupado de eso. Medina le dijo: "Turubio es de alma joven y corazón inocente". Mamá siempre recordaba esa frase. Papá le llevaba a mamá un poco más de veinte años, pero nadie se daba cuenta.

            Un par de años más adelante, decidieron casarse y papá fue al despacho de Medina (mediados de 1944) por primera vez en su vida para pedirle le mejorara el sueldo pues se iba a casar con mamá y necesitaba mejores ingresos. Medina le mandó a mejorar el sueldo ostensiblemente.  Mamá lo incluyó en la lista de invitados junto con José Nicomedes Rivas, su jefe y ministro del Interior, quien asistió al matrimonio y le envió de regalo un hermoso plato de vidrio labrado con altorrelieves, muy particular, el cual conservo (80 años después), y también fue al matrimonio. Medina no fue pero le mandó un regalo que no tengo idea qué pudo haber sido. 

             Medina sufrió un golpe de estado en octubre de 1945, y para evitar males mayores, entregó su revólver y puso su cargo a la orden al mismo Pérez Jiménez. Papá, al enterarse, entregó su cargo ante la secretaria de José Nicomedes Rivas quien ya no estaba en su despacho. Medina pasó un mes preso en la escuela Militar y papá volvió a sus quehaceres de rutina que eran su gabinete de odontología y estar en su casa ubicada en El Conde, una urbanización al lado del liceo Andrés Bello que fue derrumbada en los años '60. Al mes siguiente Medina salió expulsado a EEUU. 

         Ya mamá había tenido un intento de tener hijos pero este, una niña, se le murió ahogada con saliva en la cuna del retén. En el año 1946 mi tía Leticia andaba de paseo por Nueva York con su esposo y se encontró en el Parque Central con Medina y su esposa caminando, y en la conversación aprovechó y les anunció que mamá había perdido su primer hijo, quien era una hembra, la que ya tenía el nombre de Margarita. Ellos le dieron el pésame afectuoso a mi tía y a los pocos días papá recibió una carta de Medina lamentando la pérdida, y por otra parte Irma Felizola, su esposa, le mandó por correo a mamá una carta afectuosa y una tarjeta de duelo, los estilos de la época.

              Papá murió en el año de 1950, a los cuatro años de esta formalidad, y Medina a los siete años, en septiembre de 1953, ambos en Caracas, pues Medina había recibido una gracia gubernamental debido a un grave problema de salud cerebral que le había dado el año pasado, el año de 1952. Mamá, viuda y con tres hijos niños, y a pesar de que no era costumbre que las mujeres asistieran a los entierros, sin embargo fue al cementerio.

           Irma Felizola le enviaba a mamá una tarjeta navideña todos los años, las cuales recibimos hasta que nos mudamos de la casa de la Urbanización El Conde a mediados de los años '60, que más nunca volvimos a saber de ella hasta que mamá me dijo, mucho tiempo después, en el año de 1992, que si me había enterado de que Irma Felizola había fallecido recientemente. 

             Las amistades infantiles son las primeras, que si se conservan son de las más sólidas. Papá era un hombre, además de algo cándido, era tímido, y muy orgulloso, pero apreciaba a sus amigos con el alma. Tengo anécdotas de mamá sobre eso y cartas de papá con sus amigos, que siempre las hacía con una copia para él haciendo gala de su vida ordenada. Sus amigos eran pocos pero entrañables. Si Medina Angarita no hubiese llegado a ser presidente de Venezuela, quizás los acercamientos entre papá y él hubiesen sido más frecuentes; sin embargo Medina, cuando se trataba de papá, siempre estaba allí, conociéndolo como lo conocía desde siempre: "de alma joven y corazón inocente".


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lunes, 29 de septiembre de 2025

El Terror del Llano y los temblores en Venezuela,


Zonas sísmicas de Venezuela 
 (Mapa: Venezuelatuya)

EL TERROR DEL LLANO
Y LOS TEMBLORES EN VENEZUELA
"¡Tiembla tierra!" (Jorge Tuero)

          Hay cuatro fallas geológicas que dominan el escenario sísmico en nuestro país Venezuela, y las cuatro están geográficamente cerca de los mares y océanos que nos rodean y, por supuesto, cerca de nuestras costas, y siempre orientadas en la misma dirección de esas costas, de esas playas.

          La más activa, y la única perpendicular a la placa del Caribe, por lo que ocasiona los mayores movimientos en la corteza terrestre en nuestro territorio, es la de Boconó, que de paso es la más grande, la más larga, y la que genera la mayor intensidad cuando origina sus movimientos telúricos. De allí la fama que tienen Los Andes venezolanos de ser propensos permanentes a fuertes movimientos telúricos y hasta terremotos devastadores como el que causó la destrucción total de San Pedro de Capacho en 1875. Siempre tiembla en Los Andes, aunque no lo percibamos, porque si la persona está en movimiento, difícil que aprecie un movimiento telúrico, llámese temblor o terremoto, si su intensidad es de 4, o menos de 4 en la escala de Ritcher. Comenzamos a sentir los movimientos telúricos cuando son de intensidad cinco hacia arriba, y sin embargo para ello se requiere estar detenidos, en alguna acción contemplativa, sentados escribiendo o leyendo, o acostados en reposo, a menos de que se trate de un terremoto destructivo, que suelen estar de 6,5 hacia arriba en la escala de Ritcher y cuya duración supera los 15 segundos como promedio.

          La zona de Oriente tiene también su falla, llamada la falla de El Pilar, que ha ocasionado terremotos si se quiere más intensos que la falla de Boconó, aunque menos frecuentes. Está igualmente la falla de San Sebastián, que es la que más afecta a la zona central y a Caracas, nuestra capital, y que es la responsable de su último gran terremoto, ocurrido en el año de 1967, donde hubo muertes de personas y miles de heridos. Sin embargo, fue calamitoso no tanto por la intensidad del terremoto, que fue de 6,5,  sino por la mala calidad de algunas construcciones y por la duración del movimiento de la tierra, que fue nada menos que de 32 segundos, una eternidad, lo cual generó más energía y por eso provocó mayores daños y el desplazamiento de mayores áreas de la corteza terrestre. Yo, que vivía en la urbanización Los Palos Grandes para el momento, en esos 32 segundos pude saltar del estacionamiento de mi edificio al terreno de al lado que estaba limpio y despejado, y hasta me dio tiempo para arrodillarme a rezar con el vigilante y su familia.

           Pero debemos dar gracias a Dios, una vez más, que nuestras fallas geológicas están en una dirección que es paralela al desplazamiento de los continentes, a excepción de la de Boconó, de allí su mayor intensidad cuando se activa, pero todas están en la placa suramericana, por lo que sus roces son con la placa del Caribe, que está en movimiento con la suramericana aunque más lenta, y es por ello principalmente que los movimientos telúricos que se suceden en nuestras costas y sus aledaños, son menos intensos que los que se suceden en la falla de Boconó que es perpendicular a esos movimientos, al igual que como lo es por ejemplo la falla de San Andrés, que pasa por el estado de California de Estados Unidos, la falla de San Ramón, por el centro de Chile y la falla de Atacama, por el norte de Chile y el sur del Perú. En estas fallas se han producido los más intensos terremotos de América y del mundo.

          De manera que si Ud. vive en la zona central de Venezuela o en nuestro atractivo Oriente, aledaño a la cordillera de la Costa, y se le mueve la cama alguna noche, no es que llegó nuestro querido y recordado Terror del Llano con su slogan. Póngase sus pantuflas y muévase hacia áreas de bajo riesgo de calamidad, pero lo más seguro es que al poco tiempo vuelva a acostarse sin problemas.


jueves, 28 de agosto de 2025

Los Rítmicos

LOS RÍTMICOS
"Alumbra luna alumbra Luna, que ya me voy pa' la montaña.." Éxito de Los Rítmicos.
Canción "El Mochilón", de Francisco Orozco Araújo.

          Estando ya a punto de graduarnos de bachiller se nos ocurrió a un grupo de compañeros de estudios armar un grupo musical de música tropical, aprovechando que el rock ya tenía una fuerte representación en el país, pero no veíamos que con la música tropical pasara lo mismo, vale decir el merengue, la guaracha, incluso el bolero. 

          Comenzamos a ensayar en la casa de uno de los compañeros, quien vivía en la Pastora. Buena parte de los integrantes vivía en La Pastora de Caracas, y ninguno teníamos carro, sin embargo a la hora de ensayar no fallábamos en cumplir con el horario que asignamos para eso.

          El compañero dueño de la casa era dueño también de casi todos los instrumentos y el principal promotor del Grupo. Al principio convocó a varios estudiantes que en sus conversaciones con ellos consideró que podrían formar parte del grupo pues él estudiaba música y tenía suficientes elementos para hacer la necesaria selección de los integrantes.

          A la final quedamos seleccionados ocho integrantes. A mí me tocó aprenderme a tocar la timbaleta, que son los dos tambores que vienen con un cencerro y un platillo, un instrumento que no puede faltar en un grupo tropical al estilo de La Dimensión Latina, guardando las distancias. Además me asignó como el bolerista del grupo, y de una vez me dio el nombre de las canciones a interpretar y las orientaciones para ponerme en las letras y aprenderme la música.

           Así pasó con el guarachero, mi gran amigo Saúl Salcedo Blasini, a quien también le dio instrucciones y canciones. Saúl se aprendió eso volando.

           Saúl además era un gran relacionista público. Tenía gran facilidad para hacer amigos, aparte de ser una persona que derrochaba una gran simpatía.

           Después de unos tres meses de ensayos en la casa de Orlando Yépez, comenzamos a tocar y a cantar en algunas fiestas en La Pastora. Nos iba muy bien. Todos estábamos asombrados pero, de verdad, muy contentos con los resultados de nuestro atrevimiento. Nos la pasábamos viéndonos las caras cada vez que terminábamos una interpretación y la gente aplaudía al final de la pieza, aunque eso era una costumbre, sobre todo entre la gente que estaba bailando, pero nosotros nos lo tomábamos a pecho, es decir, estábamos convencidos de que los aplausos salían por culpa de nosotros.

           Llegó el momento en el que nos atrevimos a salirnos de La Pastora e irnos hacia el este de la ciudad, aprovechando una oportunidad de tocar en la casa de don Pedro Ríos Reina, el mismo por quien se llama así la sala Pedro Ríos Reina de el Teatro Teresa Carreño. Ya para ese entonces teníamos trompetista y violinista, y el grupo estaba mucho más sólido. Resulta que esa fiesta la consiguió Saúl Salcedo, quien era vecino de esa familia en la calle Kolonia de La Florida.

           Siguieron apareciendo fiestas y no rechazábamos ninguna. Así mismo aparecían los colaboradores con vehículo, que tanto necesitábamos, que nos llevaban los instrumentos sin ningún interés. Eso significó un gran respiro. 

           A la larga llegamos a tocar en la Institución Zuliana de El Paraíso, en el Club Táchira, y otras dos o tres instituciones relevantes hasta que por diversas razones comenzamos a fallar en los ensayos y esto bastó para que decidiéramos darle un compás de espera al Grupo que se transformó en eterno.

Recientemente recibí la noticia de el fallecimiento de José Salcedo Blasini, quien era uno de los mejores amigos del grupo musical, gran colaborador y de grandes iniciativas. 

Saúl Salcedo al frente, nuestro guarachero, excelente
intérprete de "El Mochilón", y a su izquierda José Salcedo.
Al lado de José estoy yo. No tengo idea del lugar, pero están mis hermanos.
Debió haber sido entonces algún "sarao" de juventud en mi casa
o en casa de algún familiar. Gratos recuerdos.

          Este penoso acontecimiento me hizo recordar esta etapa de mi vida con el grupo musical Los Rítmicos, donde conocí además a grandes amigos y sus familias. También me sucedieron gratas experiencias, entre ellas una, en una de esas gratas noches de disciplina y formalidad, en la que vi, por primera vez, desde la tarima donde estaba cantando el primer bolero del primer set de la noche, a la mujer que hoy en día es madre de mis hijos. Quedé prendado. Y en plena interpretación le daba gracias a Dios de que la canción se llamara "Quiero verte una vez más".

          La vida pasa como magia, y lo único que nos llevamos de ella son estos hermosos recuerdos, que es tan sabroso rememorar. Es cierto que no se debe vivir del pasado, pero también es cierto que recordar es vivir.





sábado, 19 de julio de 2025

Muy amarga la ida de Juan Carlos


Juan Carlos Núñez (1947 - 2024)

Muy amarga la ida de Juan Carlos. 
“Los niños y los jóvenes son la única opción para el arte”. Juan Carlos Núñez

          Recién llegados de Italia en estudios académicos de la música, Domingo Mendoza y Rafael Suárez se decantaron por la música popular venezolana y tomaron las canciones de Alberto Arvelo Torrealba como eje de sus interpretaciones a dúo. Tan bien les resultaron los arreglos, que se les ocurrió ampliarlos para cinco voces, y fue allí cuando convocaron a otros tres venezolanos que también salieron los tres del Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela (UCV), ellos fueron Aída Navarro, Morella Muñoz y Jesús sevillano. A Morella Muñoz la pude conocer luego gracias a Pedro Álvarez su esposo, quien me invitó a su casa en una oportunidad. Ella y Jesús Sevillano ya habían pasado por el orfeón del Liceo Andrés Bello desde muy jóvenes. Como yo vivía en mi niñez en una de las esquinas de ese Liceo, me salía a la calle en las noches temprano a oír sus ensayos y fue cuando aprecié sin quererlo y sin saberlo, las interpretaciones de estos tres grandes. De allí pasaron a integrarse al Orfeón Universitario de la UCV hasta que Rafael Suárez los invitó a formar un quinteto para interpretar arreglos para cinco voces de canciones de Alberto Arvelo que ya ellos venían interpretando a dos voces. Jesús Sevillano era solista del Orfeón y quedó como el tenor del grupo.
         El Quinteto Contrapunto tuvo tanto éxito que llegó a grabar más de medio centenar de canciones hasta que ocurrió la prematura muerte de Rafael Suárez, conocido como “Fucho”, con apenas cuarenta años de edad, algo que se notó en el ambiente musical venezolano por varios años.
         Al poco tiempo de disolverse el Quinteto, Jesús Sevillano siguió insistente con la interpretación de música venezolana y comenzó a grabar teniendo como protagonista al piano. Para ello, tuvo la suerte de toparse con Juan Carlos Núñez, quien le hizo los arreglos, y encima le tocó el piano. Era el primer disco de Jesús Sevillano, y su éxito fue tal, que lo llevó a grabar treinta discos más de música llanera, boleros y baladas.
          Fue el primero y uno de los pocos proyectos de música popular donde participó Juan Carlos.
         Juan Carlos estuvo muy vinculado a la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (luego denominada “El Sistema”), Organización musical auspiciada y dirigida por el maestro José Antonio Abreu, donde tuve la honra de participar como asesor en ingeniería civil, construyéndoles salas de ensayo y ayudando para localizar espacios para la ampliación de la Organización a todos los rincones de Venezuela. Allí tuve la fortuna de conocer a Juan Carlos y poder departir con él ya en el ámbito personal, alejados de los ambientes formales de las sinfonías, las óperas y los conciertos. Eso nos ayudó mucho para adentrarnos en nuestros espíritus, fuera de intereses foráneos a ellos. También nos ayudó mucho el hecho de que ambos éramos vecinos y hacíamos vida en el Parque Central, un suburbio voluminoso, híbrido de comercios, oficinas y residencias, al punto de que llegamos a hermanarnos bajo un velo de honestidad y sinceridad, por lo que puedo dar fe de que esa entrega y esa calidad de sus interpretaciones al piano y arreglos, eran el escape más idóneo a sus inquietudes existenciales, a las que tantas veces pude asistir y las que pudimos compartir en nuestras sentadas.
          Fue persona de especial sensibilidad, siempre muy pendiente de un crecimiento musical diferente para los niños y los jóvenes. Buen amigo, poco ortodoxo, creyente y defensor fervoroso de sus creaciones.
          Muy amarga la ida de Juan Carlos.  


Fuentes:
Fotografía: The Violín Channel

jueves, 22 de mayo de 2025

La Condesa y los años felices

La Condesa de San Javier
Óleo sobre lienzo, Bartolomé Alonso de Cazales
(Siglo XVIII)

La Condesa y los años felices.
"De alguna manera la historia conversa contigo". José Rafael Pocaterra           

         Esta señora se llama doña Teresa Mijares de Solórzano y Tovar, caraqueña de 1682. Se casó en 1714 con don Antonio Pacheco y Tovar, ambos de familias adineradas de Caracas. Tuvieron ocho hijos y su casa quedaba en lo que hoy es la esquina de El Conde, llamada así en honor a Antonio Pacheco, el Conde de San Javier.

           Don Antonio poseía grandes extensiones de tierra en los alrededores de Caracas, entre ellas una hacienda denominada El Conde de San Javier, conocida a la larga solamente como la hacienda El Conde.

           Casualmente, este retrato, inmenso retrato de 1,94mts x 1,11mts de la Condesa de San Javier, es exhibido en los salones de la Galería de Arte Nacional de Caracas, la cual está, coincidencialmente, en los terrenos de la demolida urbanización El Conde, antigua hacienda El Conde, y para ser más específico, me tomé la libertad de medir con mi GPS sus coordenadas, y la ubicación coincide con la de la casa donde vivía mi familia cuando yo nací, y donde viví mi niñez y primera juventud, en el este 6 de El Conde. 

              No se quiere ir de sus predios doña Teresa, y yo tampoco de los míos, porque fueron años muy felices.

lunes, 28 de abril de 2025

El Conde, este 6, Nro. 172

Alguna cuadra de la Urbanización El Conde
(Fotografía cortesía de Humberto Zárraga, en La Venezuela de ayer en fotos)

El Conde, este 6, Nro. 172.
Esa añorada casa donde abrimos los ojos

            El Parque Central de Caracas no fue el motivo primario por el cual se derrumbó a la urbanización El Conde. La idea de Parque Central vino después. El motivo primario fue la construcción de varios edificios para vivienda de la clase media venezolana, edificios que iban a estar ubicados más hacia el norte de donde está Parque Central hoy en día, es decir, estarían entre la avenida Bolívar y la avenida Méjico, y allí en el medio está el este 6, la avenida más importante de la desaparecida Urbanización El Conde, porque allí estaba el parque Carabobo, el Liceo Andrés Bello, el cine, la Iglesia, y la entrada peatonal más amplia para el parque Los Caobos.

          De el este 6 de los años '60 lo que queda es el tramo donde está la plaza Carabobo y el Liceo Andrés Bello. Todo lo demás que hay allí fue construido posteriormente.

           Recuerdo el apresuramiento del Centro Simón Bolívar por derrumbar El Conde para poder disponer de los terrenos y hacer esos edificios, y resulta que primero se hizo Parque Central, al sur de la avenida Bolívar, cuyo proyecto es posterior, y luego pasaron más de cuarenta años con esos terrenos vacíos, digamos, entre la avenida Bolívar y la avenida Méjico, y la cantidad de familias que allí hacíamos vida perdimos nuestra comunidad y nos desperdigamos por toda Caracas apresuradamente, sin ninguna necesidad.

           Para colmo de males, y para que se vea cómo una mala planificación puede con tanto, no solamente se destruyó una urbanización emblemática de la época, sino la comunidad allí arraigada desde hacía tantos años, la cual pudo haber estado allí por lo menos cuarenta años más, que fue el tiempo que pasó para que hicieran la Galería de Arte Nacional. Por razones poco conocidas ese proyecto nunca se llevó adelante, y tuvieron que alquilar el único edificio terminado a una famosa cadena hotelera, la cual hizo las modificaciones debidas y constituyó allí el primer hotel Hilton de Venezuela, denominado hotel Caracas Hilton, de grata recordación, el cual era para asistir de gala y tenía en su Pent House una pista de baile con música en vivo que se llamaba la Cota 880, muy bien ambientada y atendida.
Con Cocó Domínguez, en la famosa
Cota 880, del hotel Caracas Hilton
(fotografía no restaurada)

          Pero atrás del hotel, hacia el oeste, estaba, expectante, todo el terreno, plano y libre, desde el Hotel hasta el liceo Andrés Bello, disponible para los otros edificios que nunca llegaron. Estamos hablando de mediados de los años sesenta, cuando se comenzó con ese proyecto el cual por razones poco difundidas fue cortado, mandando a la historia, innecesariamente, a hermosas y genuinas viviendas, donde se estrenaba en Caracas el jardín por delante y el garaje de un lado, una idea antes no ejecutada. Fue la única Urbanización moderna totalmente derrumbada, de todas las construidas en Caracas en la primera mitad del siglo XX, un lugar apacible, con el parque Los Caobos al este y el parque Carabobo al oeste, con su liceo Andrés Bello incluido, el centro de estudios de bachillerato mejor reputado de la ciudad.

          La Urbanización El Conde tenía su propia iglesia, al lado del parque Los Caobos, y su propio cine, el cine "El Conde", donde vi mis primeras películas. Sus calles las recorrí con mis primeros amiguitos, y no estudié en el liceo Andrés Bello por el atavismo de mamá de que sus hijos estudiaran en colegios de sacerdotes, por lo que fui a parar al San Francisco de Sales de Sarría, que quedaba y queda en la avenida Andrés Bello, a donde nos íbamos a pie mi hermano y yo todos los días desde la casa.

       Es difícil encontrar reseñas o crónicas de la Urbanización El Conde, la original. Aisladamente la nombran en trabajos periodísticos, pero no he visto una crónica dedicada a la Urbanización, cuya historia va desde circa de 1925, época en la que el inquieto boticario Juan Bernardo Arismendi, junto a Juan Benzo y Tomás Sarmiento, le compraron esos terrenos en París a los herederos de Antonio Guzmán Blanco y luego se pusieron a urbanizarlos, y a hacerles casas con ideas novedosas, como el garaje y ese pequeño jardín al frente.

          La urbanización El Conde da su último hálito en el año de 1967, año en el que se demolió la última casa, la casa que ocupaba mi familia en el este 6 de El Conde, marcada con el Nro. 172, escenario de buena parte de nuestras vidas. Nuestra comunidad quedó destruida sin ninguna necesidad. Los Busquets Castillo, los Hernández Rovati, los Ramírez, los Colombo, los Baiz, los Castro Pimentel, los Sosa Pimentel, y muchas otras familias salimos a repartirnos por toda la ciudad con la promesa de no perdernos. Mi familia fue la encargada de despedirlos a todos, pues fuimos los últimos en irnos de allí, ocupantes de la última casa que quedaba en pie, como un titán reacio a sucumbir, dispuesto a enfrentarse a aquel tractor amarillo que esperaba silencioso nuestra partida para comenzar a triturar el último vestigio, esa añorada casa donde abrimos los ojos.

lunes, 31 de marzo de 2025

Un mundo revolcado


UN MUNDO REVOLCADO
"Europa se cuida de Rusia, pero ahora también de EEUU".
Olaf Scholz, canciller alemán.

            Me he querido salir de la temática de mi blog para tratar un tema geopolítico de mucho impacto. Siempre me ha gustado la geopolítica. He escrito muchos artículos en varias plataformas sobre este tema, fascinante para mi, y que goza de muchos adeptos. En estos momentos, tal materia se torna interesante por el vuelco que le quiere dar el presidente Donald Trump a la geopolítica mundial, que podría ser algo digno de evaluar y analizar, pero cuando vamos a ver, nos encontramos de entrada con un olor a intransigencia, pues es evidente que utiliza para sus pretensiones el poder que le dan su sistema bélico y su moneda.

                Trump ha logrado en pocos meses alborotar al mundo entero debido a amenazas de anexarse territorios a la fuerza y de hasta bombardear países si no se sientan a discutir con él temas de los que ya tiene un resultado diseñado. Discutir el fin de guerras con métodos que pasan por obtener frutos para EEUU, o que pasan por un mundo de fantasías, como el de lograr otra Riviera Francesa en las costas de Gaza, proponiendo desocupar primero esas tierras de sus habitantes naturales y que los reciban en países circundantes.

            No se puede negar la hegemonía casi absoluta que tiene EEUU en el mundo, pero tampoco podemos afirmar que haya habido en lo contemporáneo, algún presidente de ese país que se haya atrevido a salirse de sus fronteras con propuestas tan irreverentes que llenan de temor a los pobladores de tantos países que son víctimas de sus ideas de anexarse territorios en ultramar.

          Hemos llevado algunas cuentas y hecho seguimiento a sus propuestas y podemos decir que son pocos los países que no han pasado por su mente en algún momento en tan corto tiempo de este su segundo mandato, para ponerles limitaciones de alguna manera, bien sea con aranceles o con las denominadas sanciones, tales como Colombia, Brasil, Venezuela, Panamá, México, Canadá, Europa Occidental, incluido su eterno aliado Reino Unido, Rusia, China, Irán, Yemen, Dinamarca.

            Al presidente Trump se le notaba en su campaña política mucha seguridad al hablar de que terminaría con las guerras de Israel/Palestina y de Rusia/Ucrania, pero a la hora de la verdad, la propuesta para el final de la de Israel/Palestina quizás salió de alguna ligera elucubración, pues quedó muy por debajo del deseo casi mundial de conformar unas reglas de juego para concretar dos países, pasando por definir normas de convivencia. Y para terminar la de Rusia/Ucrania tenía como piedra angular su "férrea amistad" con Vladimir Putín, quien le siguió el juego, pero a la hora de la verdad, le explayó condiciones adicionales para convenir la paz con Ucrania como la de eliminar las famosas sanciones a los barcos rusos para que puedan surcar el Mar Mediterráneo y el Mar Negro con sus cargamentos de trigo.

            No creo que con pálpitos y elucubraciones por un lado, y con imposiciones de poder, el Mundo avance hacia la paz integral y duradera que todos queremos. Se requiere más política de altura, que refleje el respeto a los menos poderosos y más bien llamar a alianzas que sean ganar-ganar, y no que los beneficios se pretendan para un solo lado, lo cual de manera adicional aumentará vertiginosamente el empobrecimiento de los que menos pueden. No es fácil lidiar con un país cuando el que gobierna con tanto poder tiene sangre alemana, de donde surgieron los reyes del Reino Unido que reinaron a mediados de la Edad Media, quienes por estos lados se anexaron todas las islas del mar Caribe y otros confines del Mundo que ya habían sido conquistados, pero que el destino, después de varios siglos, los ha llevado a entender que hay que dejarle a los pueblos que cultiven su crecimiento con sus propias soluciones, sin injerencias foráneas a cuenta de poder, que no se pueden quebrantar los límites de los países si no es con tratados de mutuo acuerdo; que los países deben ejercer la posesión de sus tierras con independencia, y que dispongan de sus riquezas como mejor les parezca. De esa manera es más fácil convivir en esta tierra, con relaciones de amistad, de paz, y de mutuo beneficio.


miércoles, 26 de febrero de 2025

El mapa de los cantares

 

El mapa de los cantares
"Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar". J.M. Serrat

          En la época de reciente viudez de mamá, y viendo su realidad económica, bastante precaria, se aferró a algo que siempre le nombraba papá, y era el hato Santa Bárbara, una propiedad de mi abuelo paterno, que al morir, mi tío Elías le compró sus partes a sus otros hermanos, y pagó la mayoría del precio con pagarés que a la larga no pudo honrar. Mi tío Elías murió de repente y el Hato le quedó a su esposa, quien viendo las deudas que tenían esas tierras y el estado precario en el que había quedado, decidió cedérselo a los hermanos de su difunto esposo. Así pagaba lo que quedó debiendo mi tío, que fue casi todo, y se liberó de ese peso.

          Papá asumió la administración del Hato Santa Bárbara buscando recuperarlo, pero la lejanía, su falta de "training", el desconocimiento y la falta de honestidad del encargado que había quedado allá, le pusieron las trabas que eran de esperarse, al punto de que tiró la toalla.

          Al poco tiempo papá murió también, joven todavía, con apenas 55 años, y una tía mía le pidió los libros de contabilidad a mamá, una joven de 29 años, para dárselos a su esposo y vender el Hato. Mamá se los dió pero antes hizo un convenio con mi tía para que, al vender el Hato, le dieran su parte, como esposa de papá, y definieron una cantidad y una forma de pago.

         En ese Acuerdo, escrito por un abogado de la época, amigo de papá, estaban plasmados los linderos del Hato, y su tamaño.

          Al poco tiempo se vendió el Hato, y ese mismo año se le murió el esposo a mi tía, quien era el hombre de los reales. Mi tía no terminaba de hacerle a tiempo los pagos a mamá, convenidos en el Acuerdo, que eran unas cuotas, y al venderse el Hato, debía completarle con un efectivo, todo correspondiente a la herencia que nos dejó papá de su participación en ese Hato.

          Total que pasaron los años y eso se quedó así. Se murió mi tía y mamá no pudo terminar de cobrar sus reales, habiendo recibido solamente una pequeña parte del todo de la deuda establecida en el Convenio.

            No hace mucho, curucuteando entre las epístolas derroídas que guardo mamá de papá en una pequeña caja, me enteré que el Hato se lo expropiaron al infeliz comprador, y se lo agarró la Reforma Agraría, quien lo repartió a campesinos, quienes a su vez hicieron conucos, hace ya más de medio siglo.

             Hoy en día no queda nada de esas tierras, ubicadas en el estado Apure, unas tierras llenas de leyenda. Y era una extensión inmensa. Me di cuenta porque conseguí el deslinde y su descripción es todo un poema, típico de la época, que creo pude descifrar, y lo quiero compartir con mis lectores, y también compartir el croquis que me salió a ver si estoy en lo cierto.

             Los linderos los saqué de la siguiente descripción:

Norte: río Cunaviche. Sur: río Cunavichito. Naciente: una línea norte sur para dividir a Santa Bárbara de San Felipe. El punto de partida de esta línea es el punto medio entre Quereberito y Chigalito, y como la distancia entre estos dos puntos es de 872 metros, su mitad es de 436, y de este punto medio arranca la norte sur que divide a Santa Bárbara de San Felipe, cuya línea norte sur tiene 22800 metros y pasa por los siguientes puntos:: Paso de La Vigía y al este de Los Patos, terminando en Cunavichito; en el Rincón de Mereicito tomando esa longitud como base para separar las cinco mil hectáreas que dio a este rectángulo una altura de 2.192 metros, y de su extremo otra recta norte sur que parte más abajo de la Boca del Fraile en Cunaviche y pasa al este de la casa de Pablo Navas, y por la punta oeste del médano del lindero y termina en Cunavichito donde se fijó un botalón de congrio; y poniente una línea norte sur que parte del río Cunaviche, desde el lugar denominado Pueblito al río Cunavichito, lindando con los terrenos de los fundos Macanillal y Algarrobito, línea determinada por una empalizada de alambre, que sale del Cunavichito hacia el Cunaviche, y la cual mide más o menos 8000 metros, y el resto de la línea ya mencionada botaloneada a corta distancia. 

          Luego de disfrutar de la lectura de semejante deslinde, me salió el croquis que aparece arriba. ¡Qué dirán los topógrafos de la actualidad!

              El Hato era vecino por el frente de uno de Juan Vicente Gómez, y llegó a ser uno de los más productivos de Apure. Yo, muchos años después, le recompuse su historia, fragmentada y regada por el tiempo. Se me hizo una apasionante historia, con sus envolventes, que contienen lecciones que nos hacen entender que en la vida nada cambia. Toda esencia se repite arropada de diferentes matices. Siempre han existido el ego, los complejos y la codicia, pero tambien todo lo contrario. 

          Mi tío, un héroe, diría como Serrat; "Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria, de los hombres, mi canción". 

domingo, 12 de enero de 2025

El masón rebelde


 EL MASÓN REBELDE
“Lo que uno ama en la infancia, se queda en el corazón para siempre”. Rousseau

           Por allá por los inicios de los años veinte llegó a Montalbán un solitario inmigrante, solamente con una maleta, su profesión de médico, y unos cuantos papiermarks, la moneda alemana de aquellos tiempos, en el bolsillo. Julio Demmer, un médico judío, le huía a las secuelas que había dejado la primera guerra mundial en Alemania, donde se sucedían atentados frecuentes contra judíos, y donde comenzaba una hiperinflación inédita.

Demmer comenzó a buscar alojamiento hasta que le informaron que había una señora llamada Carmen Tortolero de Núñez, quien vivía en la Casa de La Virgen, una casa grande y que podría ofrecerle hospedaje. La localizó, conversó con ella y logró que Doña Carmen le cediera un cuarto.

          Julio Demmer era un hombre de suaves modales, muy blanco, de ojos azules y tez rosada. Comenzó a darse a conocer en el pueblo ofreciendo sus servicios a domicilio, ya que no tenía consultorio. Entre sus ofrecimientos estaba el de médico tratante de mujeres embarazadas y el de partero, para atenderlas en sus casas en el momento que fueran a dar a luz.

          Doña Carmen era la mamá de mi abuela, Natividad Núñez Tortolero, quien tenía 27 años para el momento. Ya estaba casada y tenía siete hijos en su haber, todos traídos al mundo por Hortensia Madroño o por Juliana Mendoza, las dos comadronas del pueblo para el momento. Para la fecha de estar ya asentado el Dr. Demmer, mi abuela estaba nuevamente embarazada.

          Mi bisabuela habló con Demmer para que le atendiera el parto a mi abuela, y es así como el 29 de diciembre de ese año de 1921, en una casa de la calle Carabobo de Montalbán, nació mi mamá, el primer hijo de mi abuela no atendido por comadrona; sino por las cálidas manos de Julio Demmer, médico partero.

          A partir de esta experiencia, los tocayos Julio Demmer y mi abuelo Julio Torcuato Manzo hicieron una estrecha amistad, abultada de admiración y cariño mutuo.

          La debacle en los precios del café debido a la Primera Guerra Mundial hizo que mi abuelo abandonara la agricultura y se fuera de Montalbán para Valencia con toda la familia y luego de allí, entusiasmado con un buen cargo que le asignaron en la Gobernación, se fue a Caracas.

Demmer continuó en Montalbán, pero al poco tiempo le siguió los pasos a su amigo Julio Manzo. Se mudó también para Caracas y se convirtió en el médico de la familia Manzo y hasta de la mascota de mi abuela, un perro pequeño, blanco de manchas negras que se llamaba Fiat, quien lloraba de alegría cada vez que Demmer llegaba a la casa.

          Mi abuelo murió años después, pero Demmer llegó a hacerse tan familiar que no dejaba de visitar a mi abuela una y hasta dos veces a la semana. Y si mi abuela no le salía por alguna razón, se quedaba en el recibo, solo, jugando con Fiat o leyendo periódico, hasta que se le hacía de noche tarde, y se iba, cerrando la puerta silenciosamente.

          Así fue durante mucho tiempo, hasta que mi abuela también murió, año de 1957. Luego de ella fallecida, Demmer iba a visitar a Fiat, y se quedaban los dos en el recibo, Fiat montado en el sofá a su lado y él leyendo el periódico, hasta que se hacía muy de noche y se iba sigilosamente, cerrando la puerta sin hacer bulla.

La última vez que fue, hizo lo mismo.

Recuerdo que me encariñé con Demmer por su amor al perro de mi abuela, y todavía sin saber que la había atendido cuando dio a luz a mi mamá.

Su definitiva ausencia me hizo entender que lo que le pasaba es que estaba extremadamente agradecido de mis abuelos por su acogida en Montalbán que hasta lo querían como a uno más de la familia. A pesar de tanto tiempo de pasados aquellos años, Demmer seguía yendo a la casa de los Manzo en Caracas. Intuí que lo que pasaba era que no sabía cómo desprenderse del cariño que le tenía a mis abuelos, y que un día entendió que tenía que desaparecer, pues ellos se habían ido para siempre y que era hora de desprenderse de todo lo que se los recordara.

          Al cabo de varios años supe, por una información que me dio mi mamá, que había salido en el periódico una noticia sobre un alemán llamado Demmer, quien se hizo un viaje desde Caracas hasta el Campo de Carabobo, a pie, teniendo más de ochenta años.

Luego de esa noticia, no supimos más de Demmer.